Radiografía 2012 - Adjuntas

 
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Dormida la economía de Adjuntas

Por Gloria Ruiz Kuilan / gruiz@elnuevodia.com

Es un pueblo agrícola que paradójicamente carece de una plaza del mercado, cuyo adjetivo en el cognomento "Ciudad de Gigantes" honra la exigencia actual por empleos y con un alcalde que mantiene una fuerte presencia entre sus constituyentes, aunque algunas de sus prácticas generen molestia.

Adjuntas es reconocido por sus temperaturas bajas y la vida apacible, lo que le ha valido un alza poblacional reciente de más de 300 habitantes, de acuerdo con el Censo del 2010. Sin embargo, por estos días a sus habitantes les inquieta mayormente tres cosas: el alza en el desempleo y la drogadicción así como la falta de actividades recreativas para los jóvenes.

"Aquí aparentemente todo está bien, pero el desempleo que hay en este pueblo nos afecta mucho", dijo Osvaldo Ramos, propietario de la Ferretería Osvaldo en el centro del pueblo donde también reside.

El adjunteño Ernesto Leyva así como otros entrevistados dijeron que sigilosamente la drogadicción va "in crescendo" y les preocupa porque está atado a los actos delictivos. Aunque no hay asesinatos, sí reinan los escalamientos y las apropiaciones ilegales entre los delitos tipo I.

La delincuencia, precisaron, es un problema cuya génesis en Adjuntas va de la mano del ocio, algo que atribuyen a la escasez de actividades recreativas y culturales -sobre todo para los jóvenes- más allá de las fiestas patronales.

"Para la juventud no hay nada. Y además, haría falta una plaza del mercado porque hay mucha gente en la calle vendiendo sus productos", sostuvo Iris Nely, del barrio Garzas. "Hay mucho desempleo. La economía cada día está peor. El alcalde brega al cien, pero él no da pa' tanto. Como alcalde es buen alcalde y lo apoyo. Ayuda a todo el mundo, no ve los partidos. Siempre se le ve", dijo Ivis Miró.

La mujer recoge en sus labios uno de los atributos que le reconocen al alcalde Jaime Berlucea: el trato directo. El incumbente -por los pasados dos cuatrienios- es tildado de multifacético. Lo mismo canta, que da tránsito en el pueblo, es karateca y no vacila en patrullar junto a la Policía. Su proyecto estrella es la alcaldía rodante, dijo. "Porque es la atención directa y lo que el Puerto Rico reclama a sus líderes".

Barlucea precisó que en esas visitas a los barrios le piden mayormente empleo, permisos, materiales para la reparación de casas y ayuda económica para el pago de agua y luz. "Toda petición que haga cualquier ciudadano, no importa de qué sea yo la atiendo personalmente", dijo el alcalde.

¿No se le podría tildar de ser un alcalde paternalista?, se le preguntó. "No porque es muy diferente a tú ayudar en una necesidad a tú mantener. Son dos cosas muy diferentes. Yo a las personas les ayudo en la necesidad. Son dos cosas diferentes. Otra cosa es yo mantener vagos. Para poder corregir eso en este país tiene que haber una reforma que tiene que empezar en el Departamento de la Familia", respondió.

Pero para algunos adjunteños la gestión de Berlucea es una forma de comprar votos dijo su contendor popular, Joel Mercado. Esa percepción ha germinado. "Ahora mismo está dando ayudas porque es año electoral para comprarnos el votos", sentenció Walter Pérez.

"El hombre lo que es un sicólogo. Sabe manipular a los votantes, pero está lo que es prioritario para el pueblo", dijo Guillermo Rivera, un penepé que votó por el alcalde. Aseguró que ahora -y conociendo que Adjuntas es un pueblo al que le apasiona la política y vota por el candidato que mejor se venda- hay penepés "descontentos" con Berlucea. "Le falta compromiso y seriedad", dijo Rivera.

Barlucea construyó -a un costo de $7 millones- una remozada plaza pública, pero los adjunteños reconocen que fue idea de Vera Monroig y el alcalde la concretó. También creó un centro de terapias -del habla, ocupacional- para niños y una biblioteca cibernética. El Castillo de los Niños es otra de sus creaciones. Pero los adjunteños se quejan del manejo que da el alcalde a las estructuras municipales. En un área de la plaza pública están impresas las manos del alcalde y sus tres hijas. En el castillo están los nombres de estas y el pueblito que se simula allí se llama barrio Barlucea, quien rechaza querer ser omnipresente o narcisista. Más bien, Barlucea dice que a su obra le coloca su nombre por ser su gestor.

"Él se cree que el municipio es de él. Nadie puede utilizar las facilidades si él no da el permiso. Hay que devolverle a los adjunteños lo que es de ellos", dijo Mercado. La piscina permanece sin una gota de agua y en sus alrededores el alcalde planifica construir una pista atlética. La queja principal de los adjunteños es que esas las instalaciones públicas no están accesibles para los adjunteños.

La candidata a la alcaldía por el Partido Independentista Puertorriqueño, Minerva Orengo Costa, cuestionó de qué servían las instalaciones municipales "si no haces nada para usarla. Tenemos un coliseo, pero si está cerrado...".

"Aquí lo que se hacen son las fiestas patronales y los empleos están bien escasos", dijo el joven de 25 años, Damián Maldonado, quien labora en Ponce. Los adjunteños como Héctor Ramos y Walter Pérez aseguraron que las prioridades del alcalde están divorciadas de las de ellos. Clamaron por mejoras en las vías públicas porque en los barrios y barriadas abundan los hoyos.

Además, recientemente no fue prestada la plaza para la actividad de Relevo por la Vida en contra del cáncer,, dijo la líder comunitaria y una de las fundadoras de Casa Pueblo, Tinti Deyá.

"No se puede usar (la plaza). Sólo se hace una actividad", concluyó Deyá. Esa actividad es el Congreso de Base de Fe, dijo el alcalde quien participa del evento que dura dos días.

"La necesidad de empleos y de recursos de entretenimiento, aquí no se les provee a los jóvenes. En Adjuntas había tres personas que uno sabía quienes eran (drogodependientes), pero ahora hay que tener más recelo", dijo Maribel Hernández.

Casa Pueblo se ha ocupado de proveer una escuela de música y otra de arte para los chicos adjunteños. Deyá dijo que la gente teme al alza en los delitos tipo I que surgen por la necesidad imperiosa de los adictos de buscar dinero para satisfacer su problema de salud. "Esa inseguridad e indecisión la ve la gente. No ven alternativas y eso crea inseguridad. Y ante eso optan por quedarse en la casa y no hacer nada", dijo.

La falta de trabajos justifica el alza en la tasa de empleos que en noviembre de 2010 fue 18.7% y noviembre de 2011 fue 21.3%. El cierre en marzo de la única fábrica de Adjuntas (de confección de uniformes militares) es ya oficial y representa la pérdida de 250 empleos. "Hicimos gestiones, pero ellos decidieron cerrar la fábrica", dijo el alcalde.

Barlucea no cree en plazas de mercado para impulsar la economía de este pueblo montañoso. Cree en incentivar la economía al dar becas a estudiantes con buen índice académico. Tampoco cree en que los alcaldes deban tener tarjeta de crédito paga con fondos públicos. Por eso, la suya la cortó en dos pedazos, según dijo. Igualmente no cree en el despido de empleados ni en la reducción de jornada y mucho menos en que los empleados municipales se lleven los autos a su casa. Esa práctica, aseguró, le ayuda a ahorrar gastos municipales y le propició un superávit aproximado ($250,000) a pesar de una demanda que heredó por discrimen político de 62 ex empleados municipales despedidos por su antecesor, Roberto Vera Monroig.

Peropara el propietario del Parador Villas de Sotomayor, Jesús Ramos y el caficultor y líder comunitario William Mattei hace falta un plan que impulse dos grandes atributos de Adjuntas: el café y el turismo. Éste último renglón ha aumentado por gestión espontánea, afirmó Ramos.

Sotomayor enfatizó en que el pueblo posee un parador, tres bosques, la impresionante cascada Garzas, dos lagos y variedad de lugares que hacen honor a la gastronomía boricua, pero no se potencian.

Por muchos años, Adjuntas fue el primer productor de cidra, explicó Ramos. Al entrar Brasil en la producción, le arrebató el sitial a Adjuntas al vender más barato este producto. Adjuntas va rumbo a ocupar ese sitial nuevamente, pero sin el empuje del gobierno, agregó Ramos.

"La producción de café ha bajado y nos interesa a nosotros estimular la producción de café para el área de Adjuntas. Ese sería nuestra necesidad mayormente. El problema no es de mercadeo", dijo el caficultor.

Ramos habló de un mal social que por años se coció y ahora reclama su espacio, a su juicio, no sólo en Adjuntas. "La gente en este país lamentablemente no necesita trabajar para vivir porque el gobierno los mantiene", sentenció.

Agregó que su experiencia es que la gente percibe una oferta de trabajo como una ayuda que darán al patrono. "La gente no tiene mucha consciencia ahora mismo de la necesidad de empleo".