Por Daniel Rivera Vargas / end.drivera2@elnuevodia.com Cuando se habla del tiempo, septiembre es un mes históricamente malo para Puerto Rico.
En la segunda y tercera década del siglo pasado -en 1928 y 1932-, los huracanes San Felipe y San Ciprián destrozaron un Puerto Rico rural y muy poco desarrollado.
Entonces hubo décadas de tranquilidad... hasta el huracán Hugo.
Con la expresión “inminente”, el entonces gobernador Rafael Hernández Colón advirtió que la Isla recibiría el azote de este fenómeno, lo que finalmente ocurrió entre el 17 y el 18 de septiembre de 1989. Causó siete muertes y destrozos de $1,000 millones.
En 1996, la Isla fue afectada por Hortense, un ciclón que causó 18 muertes mientras atravesaba el País de este a oeste. Y entonces, entre el 21 y el 22 de septiembre de 1998 le tocó el turno a Georges. Este huracán cruzó Puerto Rico de costa a costa y causó daños ascendentes a $6,000 millones.
Ya en esta década -2004- la Isla sintió a Jeanne. Todos los fenómenos mencionados azotaron el País entre el 9 y el 27 de septiembre.
Por su parte, el doctor en meteorología Rafael Méndez Tejeda explicó que en todo el océano Atlántico el periodo pico de huracanes es del 10 al 12 de septiembre. Esto es producto de una respuesta térmica por el calentamiento del agua entre agosto y octubre, dijo.
Caos urbano junto al natural
Más allá de la fuerza de los ciclones, parte del daño ocasionado por estos sistemas se debe a la irresponsabilidad del ser humano. Como ejemplo, habló del mal estado de los drenajes y la construcción de residencias en zonas inundables.
“Que haya gente viviendo en lugares peligrosos no es un problema sólo de Puerto Rico; el 70% de la población mundial vive en costas. La mala planificación es evidente, son viviendas que no se han planificado o planificado mal, o se han planificado tapando la quebrada para construir la urbanización”, dijo Méndez Tejeda.
El profesor indicó que más de un millón de personas en Puerto Rico viven en zonas inundables y que el problema afecta todos los estratos sociales.
“Todo el Condado es inundable”, señaló Méndez Tejeda. “Más aún, el aeropuerto está en zona inundable”, puntualizó.
De otra parte, el planificador José Rivera Santana sostuvo que el País actúa como si no incorporara a su entorno social la realidad natural que representa vivir en la ruta de los huracanes por el Caribe.
“No hemos sido exitosos en los últimos años, a pesar de que sabemos que estos eventos van a ocurrir. La realidad es que cada vez que ocurre un evento como esos se evidencia que no hemos avanzado para prepararnos”, lamentó.