Por The Associated Press
MIAMI - El huracán Jimena bajó a categoría 3 esta tarde, pero sigue en ruta a Baja California, donde turistas y residentes siguen su movilización a refugios.
Una advertencia de huracán permanecía en efecto para la parte meridional de la península mexicana de Baja California, donde se esperan intensos vientos, grandes olas y lluvias torrenciales.
Los vientos máximos sostenidos de Jimena amainaron a unos 125 millas por hora. La tempestad avanzaba al norte noroeste, a unas 12 millas por hora, el martes en la tarde.
El vórtice del huracán pasaría cerca o por encima del extremo meridional de la península hoy por la noche o el miércoles de madrugada.
En Los Cabos, desde media tarde se registraron intensos vientos, olas arrebatadoras y ráfagas de lluvia. Por eso, residentes y turistas en este balneario se movilizaron a varios refugios.
El gobierno mexicano declaró el estado de emergencia para Los Cabos y La Paz, capital del estado de Baja California Sur, y cerraron las escuelas, la mayoría de los comercios y muchos puertos. Los trabajadores de rescate de la Cruz Roja y los militares mexicanos se preparaban para tareas de rescate para después del paso del huracán, y llegaron dos aviones Hércules del ejército mexicano con suministros médicos.
Francisco Cota, director de protección civil de Los Cabos, dijo que más de 2.000 personas de vecindarios en terrenos bajos y campamentos de desamparados buscaron asilo en los refugios instalados en escuelas locales, y muchos más se fueron con familiares a zonas más seguras.
Otras 5,000 personas fueron evacuadas y ya funcionaban 159 refugios con una capacidad para 29,000 personas, dijo el vocero estatal de protección civil, Luis Armando Díaz.
Con la tormenta apenas a 175 kilómetros (110 millas) al sur de la ciudad, la mayoría de los turistas ya habían salido de la ciudad el martes, dejando vacantes el 75% de las habitaciones de los hoteles. Pero algunos de los que se quedaron observaban la llegada de la tormenta.
Brian Osburn, de la Florida, estaba en la playa con un equipo moderno de videograbación para tomar vistas del huracán.
“Creo que a Cabo San Lucas le pegará duro”, comentó Osburn mientras grababa la furia del viento con su micrófono a prueba de agua.
Otros caminaban por las calles semi desiertas, algunos de ellos con el agua hasta los tobillos, “disfrutando” de la tormenta.
“Vamos a salir, a conseguir más licor y volver a la habitación para verlo”, dijo Mark López, un despachante de camioneros de San José, California, mientras caminaba cerca de un embarcadero con media docena de amigos. “Lo estamos aprovechando al máximo”.
Muchos habitantes de barrios pobres, preocupados por posibles saqueos, se resistían a dejar sus viviendas precarias.
Marco Nina, un albañil, observaba la amenaza de los elementos a su vivienda de chapa y planchas de metal.
“Estamos aquí con los nervios de punta”, dijo. “Si se viene, el techo no va a resistir. Otras tormentas han pasado pero no tan fuertes”.
Hoy por la tarde Jimena se había debilitado ligeramente, con vientos de 135 millas por hora, aunque todavía un huracán intenso con potencial de grandes daños.
“Por su propia seguridad y la de su familia, aborden la unidad o diríjanse al albergue más cercano”, dijo el bombero Ricardo Villalobos por medio de un altavoz, mientras recorría las calles arenosas de la Colonia Obrera, un barrio pobre construido sobre el lecho de un río que por lo general se inunda cuando llega un huracán.