Una
foto tomada durante un pasadía en Qatar, Irak, en la
que todos sus compañeros están en uniforme mientras
ella disfruta de la vida en traje de baño, muestra lo
jovial, sociable y coqueta que era la especialista Frances
Marie Benítez Vega.
"Ella era bien especial”, afirma su madre, Wanda Vega,
mientras muestra una foto que saca de una caja plástica
en la que guarda decenas de imágenes de su hija mayor.
Minutos más tarde, busca un baúl donde no sólo hay fotografías,
sino recuerdos más concretos de Frances como sus botitas
de bebé y sus zapatillas de jugar sóftbol.
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| Frances se destacó como
una "Pirata", el emblema deportivo de la Antilles
High School. (Album familiar) |
Wanda describe a su hija como "una buena persona" y
reitera que "era especial" cuando recuerda sus dotes de
bromista y su afición por el baile y, más recientemente,
por el reggaetón.
De niña era inquieta, dice su
madre. Acostumbraba pedirle a su hermana menor que abriera
un joyero con música de Wanda, se ponía una media de
nilón en la cara, se estiraba los ojos para imitar los
rasgos de los asiáticos y se ponía a cantar y a bailar.
"Definitivamente, con ella uno
no podía estar de mal humor", musita la mujer con una
mezcla de tristeza y risa.
Pero al igual que otros que la
conocieron, la madre de la soldado no puede dejar de
mencionar el fuerte e intimidante carácter que ella
tenía.
"Intimidaba a las muchachas del
equipo por su carácter, pero una vez la conocían se
hacían amigas. Ella fue la única que jugó baloncesto
con los varones. Intimidaba a los muchachos en la cancha",
destaca Onelio Torres, entrenador del equipo al que
perteneció la soldado.
"Su agresividad no era de mala
fe, su agresividad era porque quería triunfar, y (quería)
competir dentro y fuera del salón de clases", agrega
el hombre, quien afirma que Frances era como su segunda
hija y que fueron muchas las veces que discutieron.
Recuerda que una de esas disputas ocurrió cuando él
la sacó de "pitcher" y la puso en tercera base por entender
que tenía mucho potencial para jugar en esa posición.
Frances era inteligente, comenta
su padre Orlando Benítez, pero de inmediato hace la
salvedad de que la prioridad de ella no eran los estudios.
"Verdaderamente, le gustaban más las actividades extracurriculares".
Un vídeo hecho en honor a Frances
por la comunidad escolar de Antilles High School, en
la base de Buchanan, es testimonio de ello. En el filme,
Frances baila, actúa y modela coquetamente en un desfile
de modas que ayudó a organizar.
Frances nació en California y
se crió, junto a una hermana menor, en diferentes bases
militares a las cuales su padre, un militar de carrera,
era enviado. Era en todos los sentidos un "army brat",
como se tildan a los hijos de oficiales de carrera del
Ejército.
Ya era una adolescente cuando
la familia se mudó a Puerto Rico. Frances comenzaba
el 10mo. grado cuando se convirtió en una "Pirata",
el emblema deportivo de Antilles. A pesar del corto
tiempo en la escuela, la comunidad escolar la recuerda
en una placa colocada frente al parque en el que tantas
veces jugó sóftbol: "Su valentía, lealtad y espíritu
de lucha ejemplifican el carácter de Antilles. Te has
ido pero no serás olvidada".
"Verdaderamente, ella no tenía
intenciones de entrar en la milicia", relata don Orlando,
quien fue reclutador durante los últimos tres de sus
21 años en el Ejército. "Ella no sabía lo que iba a
hacer, pero las Fuerzas Armadas no era algo que a ella
le interesara. Pero, yo era reclutador y ella sabía
que esa era una de sus opciones". Y optó por ella. Ingresó
al Ejército poco después de graduarse de cuarto año.
Meses más tarde, se casaba con
el joven militar Abdenego Vega en una ceremonia que
sólo anticipó a su entrenador. Como hizo otras tantas
veces, Frances habló primero con Torres para escuchar
su reacción y anticipar la respuesta de sus padres.
"Después de que ella se fue nosotros
nos enterábamos de las cosas una vez habían ocurrido",
recuerda don Orlando, mientras su esposa se reía.
Aun así era bien apegada a su
familia. Frances negoció con el Ejército para estar
en Fort Hood, Texas, a dos horas y media de donde estaba
su papá en ese momento. Siempre que podía, venía a Puerto
Rico y cuando lo hacía, había que hacerle su comida
favorita: arroz con habichuelas con lo que fuera, pero
que no fuera arroz blanco. Le encantaba el pollo frito,
las papas majadas y el maíz que cocinaba su madre; comer
pan y era "un monstruo de las pizzas" y la Coca-Cola.
La última vez que la familia
estuvo junta fue el día de Navidad del 2002. Tres meses
más tarde, Estados Unidos invadía a Irak y Frances,
adscrita a la unidad Adjunta General Postal 151 del
Destacamento 3 de Fort Hood, fue enviada a combate.
Completó su misión en ocho meses
y cuando viajaba en helicóptero de Faluya a Bagdad el
2 de noviembre de 2003, de regreso a Estados Unidos
para disfrutar de un descanso de varias semanas, la
aeronave fue derrumbada por un misil. Todos sus ocupantes
fallecieron. Frances fue la primera soldado boricua
en morir en Irak. Tenía apenas 20 años.
Al momento de su muerte, Frances
estaba separada de su esposo y decidida a salir de la
milicia, según su familia. Estaba convencida de que
quería enseñar.
"Yo digo que es irónico porque
el Army, a mí personalmente, me convirtió en una persona
que yo no esperaba y, de cierta manera, también me llevó
mi tesoro más preciado", sentencia don Orlando. |