A los
14 años, Kelvin Feliciano Gutiérrez se convirtió en
el hombre de la casa. Tras el divorcio de sus padres,
se hizo cargo de su madre, Ada Esther Gutiérrez Lugo
y sus dos hermanas menores, Ada Waleska y Sol Cristal,
quienes lo describen como cariñoso y mandón.
"Cuando mi mamá y mi papá se divorciaron, mi hermano
vino a ser el padre de la familia. Era mi papá, por
eso se me ha hecho tan fuerte. El decidió irse para
el Army para cuidar a su familia. Pero cuando lo llamaron
para ir a Afganistán presentía que no iba a regresar.
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| Kelvin, junto a sus hermanas
Ada Waleska y Sol Cristal. Para ellas, el soldado,
destacado tirador y paracaidista, era su "papá". |
Llamó a mi hermana y le dijo 'Waleska, tú eres la más
madura, la mayor, y yo sé que yo no regreso. Yo les voy
a dejar un dinerito y tú vas a ser responsable de tu hermana
y mami'. Y así fue", relata Sol Cristal Feliciano.
Agrega que la última vez que
habló con Kelvin fue el 11 de noviembre de 2002, dos
meses antes de que partiera para Afganistán.
"El llamó a la escuela porque
sabía que yo estaba bien asustada. Me dijo '¿cómo está
mi bebé?'. Le pedí la bendición, como siempre. Siempre
estaba pendiente de mí, de mis estudios, de mi futuro",
afirma.
El presentimiento de que iba
a emprender una jornada incierta, también llevó a Kelvin
a casarse días antes de la partida con el amor de su
vida, la joven añasqueña Sharon Feliciano, de quien
se enamoró en séptimo grado.
Los jóvenes se casaron en diciembre
de 2002 en una sencilla ceremonia civil en Fort Bragg,
Carolina del Norte, y guardaban la ilusión de viajar
a Puerto Rico cuando Kelvin regresara de Afganistán
para casarse por la iglesia.
Pero la sorpresiva muerte del
joven artillero y paracaidista en un solitario camino
de Orgún, Afganistán, desbarató ese plan. Kelvin, asignado
al Tercer Batallón de la Brigada Aerotransportada 504,
murió el 28 de junio de 2003, cuando el camión donde
viajaba se volcó mientras regresaba de una misión de
patrullaje. Tenía 21 años.
"El quería morir como un héroe
y así se fue. El era mi primer amor, mi vida y yo para
él era lo mismo", expresa la joven viuda.
Frente a la Plaza del Soldado
Caído en Acción, en el centro de Añasco, el policía
Kelvin Feliciano Feliciano observa la placa incrustada
en el monumento con la inscripción "En Afganistán, año
2003, Sargento Kelvin Feliciano Gutiérrez".
Lee las palabras como si se tratara
de otra persona y no de su hijo mayor, su querido "Kwai
Chang", apodo que le puso poco después de su nacimiento
el 10 de enero de 1982 porque le recordaba al personaje
de David Carradine en la serie de televisión Kung Fu.
"Cuando él nació yo veía mucho
esa serie y se convirtió en algo especial para mí por
los consejos y el modo de vida que presentaba y comencé
a decirle Kwai Chang porque se quedó calvito", señala.
Feliciano, un agente de la Policía
de Puerto Rico adscrito en Aguada, describe a su hijo
como un joven humilde, cariñoso, buen estudiante, a
quien le gustaba pescar y jugar baloncesto y balompié.
"Era bien apegado a mí, bien
apegado. Cuando su mamá se fue para Estados Unidos después
del divorcio, él se quedó conmigo un tiempo, pero luego
lo mandé para allá para que cuidara a las nenas, como
hermano mayor", relata.
Sylvia Planell, quien se graduó
con Kelvin en el 2000 de la escuela superior Luis Muñoz
Marín de Añasco, lo recuerda como juguetón y buen amigo.
"Era bien chulito con todo el
mundo, superalegre; siempre estaba hablando, riéndose,
halándome el pelo", afirma.
La pasión de Kelvin, según su
padre, era la milicia y su meta era convertirse en tirador
experto y paracaidista, cosas que logró en el Ejército.
A los 15 años ingresó al programa militar ROTC en el
estado de la Florida y luego, del 1999 al 2000, se convirtió
en Primer Comandante de los cadetes del ROTC en la escuela
superior de Añasco.
William Román, director del Junior
ROTC en esa escuela, dijo que escogieron a Kelvin para
el puesto por su disciplina y liderazgo.
"El era bien responsable, bien
educado y tenía postura militar. Era un muchacho respetuoso,
buen estudiante y tenía sus metas definidas", destaca
el veterano de la guerra de Vietnam.
La última vez que padre e hijo
se vieron fue en noviembre de 2002, cuando Kelvin visitó
la Isla al ser activado para Afganistán.
"Por mis convicciones cristianas,
decidí hablarle de un sinnúmero de temas y una de ellas
fue la muerte y lo que era la vida eterna. Lo quise
preparar bien. El entendía lo que enfrentaba y estaba
tranquilo, sé que estuvo preparado para morir", expresa.
Aunque al principio Kelvin tenía
planes de hacer una carrera militar, su padre señaló
que la distancia, la inseguridad y los deseos de estar
con su esposa lo abrumaron y, antes de morir, hablaba
de su deseo de regresar a una vida normal junto a sus
seres queridos.
"Aunque físicamente no está con
nosotros, siempre está en nuestras conversaciones. Me
siento muy orgulloso de que Kwai Chang haya servido
con honor, que haya muerto con las botas puestas. Fue
muy valiente y sus hermanas sienten mucha admiración
por él. Es nuestro héroe", recalca Feliciano.
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