Aún después de darle el último adiós, sus amigos no cesan de colmar de elogios al sargento Roberto Hernández, la más reciente víctima boricua de la guerra en Irak.
"Fue un honor trabajar junto a él", indicó el policía Robert Daniels, al concluir los funerales del soldado y policía de origen puertorriqueño, sepultado en Maryland.
 |
| Roberto Hernández estuvo más de tres años en servicio activo en el Ejército y desde 1988 perteneció a la Reserva. (Suministrada) |
Una impresionante escolta oficial, que incluyó a sus compañeros de la Policía del condado de Prince George, militares y otros agentes policiales del estado de Maryland, acompañó a la familia de Hernández, primero hasta la iglesia San Miguel de Arcángel de Silver Spring y luego hasta el cementerio para veteranos de Cheltenham.
Sus dos hijos, Xariel Louis y Micah, su prometida Priscilla Godley y su madre Juana Pizarro, encabezaron las honras fúnebres.
Hernández, quien en la vida civil fue policía del condado de Prince George, murió el 28 de marzo de 2005 en Irak, cuando una bomba de fabricación casera estalló cerca del convoy donde desempeñaba funciones de seguridad.
Miembro de la Reserva del Ejército, Hernández es el soldado de origen boricua número 50 que muere como parte de la llamada guerra estadounidense en contra del terrorismo.
De ese grupo, 44, incluyéndole, han muerto como consecuencia de la guerra en Irak.
"Hemos perdido un hermano, un soldado… que dio su vida para proteger a los residentes de Prince George y de su nación", indicó el jefe de la Policía del condado, Melvin High, uno de los que habló durante la misa.
Durante una década, Hernández trabajó en la Policía del condado de Prince George, en Maryland, que colinda con la capital estadounidense.
Allí adiestró a muchos agentes y se ganó el cariño de sus colegas, que llenaron la iglesia San Miguel de Arcángel. "Fue mentor y entrenador de muchos", recordó High.
El sacerdote del Ejército, Timothy McConnell, describió a Hernández, de 47 años y a quien sus amigos le atribuyen haber tenido una sonrisa "millonaria", como una persona de "gran valor y entereza".
"Su sonrisa era contagiosa y todos le vamos a extrañar", indicó McConnell.
La misa fue oficiada en inglés por el sacerdote hispano Javier Rivera, quien hizo un alto para dirigirse en español a la madre de Hernández, quien vive en Nueva York. "Que Dios le ayude en este momento tan difícil", dijo el religioso.
Algunos de sus amigos más cercanos como el también militar Carlos Ocasio, quien estuvo con Hernández el día antes de morir en Irak, y Manolo González participaron de la ceremonia.
En momentos en que el cuerpo de Hernández era transportado de la iglesia al carro fúnebre, un grupo de niños de una escuela vecina observó, con su mano derecha en el lado del corazón.
Hernández estuvo más de tres años en servicio activo en el Ejército y desde 1988 perteneció a la Reserva.
|