Antes
de ingresar al Ejército, Gil Mercado Román fue boxeador
aficionado, estudió karate y practicaba surfing junto
a sus amigos en una playa cercana al sector Pastillo
de Isabela.
Incluso tenía un talento especial para el dibujo, y
al igual que varios de sus familiares también se sentía
atraído por el servicio militar.
Pero el 13 de abril de 2003,
el joven soldado de 25 años murió en Irak a consecuencia
de la descarga de un arma fuera de combate.
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| "Junior" fue una persona
muy especial, que sabía ofrecerles una sonrisa a
todos y además era el alam del grupo de amigos del
barrio Coto. (Album familiar) |
La tragedia aún estremece a sus familiares y amigos
para quienes "Junior" fue una persona muy especial, que
sabía darles una sonrisa a todos y además era el alma
del grupo de amigos del barrio Coto.
Aunque la muerte lo sorprendió
a temprana edad, tanto su viuda, Lucy Mercado, como
sus tíos, amigos y parientes más cercanos describen
al soldado puertorriqueño como un héroe porque logró
todo lo que se había propuesto en la vida.
Gil nació en New Jersey donde
estudió sus grados primarios. En la adolescencia vivió
en Isabela y continuó sus estudios en la escuela secundaria
Francisco Mendoza e intermedia Irma Deliz.
De hecho, dominaba mejor el inglés
que el español.
Antes de llegar a ser soldado,
su vida se desarrolló esencialmente en la pequeña comunidad
de Pastillo cerca de la costa isabelina.
Su primo Miguel "Pito" Mercado
explica que, junto a Gil y a otros amigos, siempre se
fugaban para la playa a surfear y a hablar.
"El grupo no estaba completo
hasta que llegara él, era el alma de la fiesta, si no
estaba él íbamos a estar aborrecidos todo el día", afirma
Miguel para luego destacar que simplemente Gil era una
persona con la que todos podían contar.
"Fue un muchacho tranquilo, compartía
con todo el mundo, bregaba al cien", afirma Joel Cordero,
otro de sus amigos de juventud.
Fue en ese grupo de amigos playeros
que comenzó a crecer la idea de ingresar al Ejército.
Tanto Miguel como Gil y el hermano de éste, Arnaldo
"Alex" Rivera Román firmaron en las Fuerzas Armadas,
aunque lo hicieron en años diferentes siendo Gil el
último en hacerlo en el 2000.
Una de las razones por la que
Gil entró al Ejército fue para seguir los pasos de su
hermano, con quien era muy unido. Este último continúa
activo en el Ejército asignado a Corea, mientras que
Miguel terminó su servicio en febrero pasado.
Lo cierto es que el interés por
las Fuerzas Armadas comenzó desde niño, y ya era parte
de una tradición en la familia.
"Desde pequeño le gustó eso,
siempre decía que si no salía bien en la escuela iba
a irse al Army", expresa su madre Graciela Román.
Miguel Ángel Mercado, tío del
sargento y ex militar, destaca que el interés por las
Fuerzas Armadas ha sido una tradición en la familia
ya que no sólo él estuvo cuatro meses en el Ejército,
sino también el bisabuelo que sirvió por 30 años, el
abuelo que participó en el conflicto de Corea, así como
dos primos y otro tío que combatieron en Vietnam. Pero
también la falta de oportunidades en la Isla y la situación
económica contribuyeron a esa determinación, según la
familia.
Graciela comenta que desde que
se fue para el Ejército, en el 2000, su hijo ya se estaba
despidiendo. La evidencia aún la conserva en una carta
que él le escribió pidiéndole perdón por las travesuras
que hizo de niño, le hablaba de lo mucho que amaba a
su esposa y le agradecía a su madre por siempre estar
a su lado.
"Te pido perdón por las barbaridades
y las travesuras también dolores de cabeza que te he
causado, soy un hombre en busca de Dios, aprendiendo
de mis errores", lee parte de la carta.
"Lo mismo que dice en esa carta
fue lo que me dijo en la despedida cuando se fue para
Irak", asegura doña Graciela.
De esos comentarios entre amigos,
Pito recuerda que Gil les había expresado la idea de
hacer otras cosas que le gustaban como el baile y el
dibujo, una vez se retirara del Ejército. Talento tenía
para el arte. En la escuela, Junior se destacó en arte
e incluso obtuvo medallas por su talento para el dibujo.
"El día que se ganó esa medalla,
que sacó el segundo lugar, él vino donde mí alegre y
me dijo 'mami, por poco me saco el trofeo grande, por
un puntito no te traje el trofeo pero mira te traje
esto'", dice doña Graciela y apunta a la medalla que
ahora adorna una de las paredes de su residencia sobre
una foto de Gil vestido con uniforme militar.
El joven también se distinguió
en el boxeo aficionado y ganó un guante de oro en las
competencias Golden Gloves en Atlantic City, antes de
retirarse y entrar al Ejército.
En el ambiente familiar, uno
de los momentos que recuerda el tío de Gil es de cuando
éste le llevaba flores a su abuela Ramona Román, o cuando
abrazaba al abuelo, Francisco Mercado y luego les pedía
"chavos" para comprarse un sándwich.
Las circunstancias en las que
murió Gil dieron paso a que se creyera que su muerte
había sido un suicidio. Sin embargo, la determinación
del Ejército fue que la descarga del arma fue accidental.
Ahora, los familiares quieren
mantener con vida el recuerdo de este primer soldado
isabelino muerto en Irak, y de alguna forma devolverle
el cariño que sembró en el corazón de cada persona que
lo conoció. Por eso se proponen solicitar que la cancha
en proceso de construcción, cerca a la casa del padre,
así como el camino por donde Gil anduvo por tantos años,
lleven el nombre del sargento.
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