A pesar
de innumerables esfuerzos, algunos familiares de soldados
caídos no pudieron ser contactados. Otros, aún sumidos
en el dolor, declinaron nuestra invitación. Honramos
sus nombres con estas cortas reseñas.
En momentos en que algunos amigos comenzaban a meterse
en líos, Ramón Mateo, de origen boricua, y residente
en el condado de Suffolk, Nueva York, decidió ingresar
a la Infantería de Marina.
Su entrada al servicio militar
ocurrió oficialmente en diciembre del 2002, cuatro meses
después de haber completado las pruebas que le valieron
su diploma de la escuela secundaria de Brentwood, en
Nueva York. Allí se había destacado como atleta, principalmente
como jugador de fútbol. Sin embargo, no se graduó con
sus compañeros de clase debido a problemas académicos
que también le forzaron a dejar el equipo de fútbol
de la escuela.
El joven a los cinco meses de
hacer su ingreso en las fuerzas navales contrajo matrimonio
con Concetta Mateo y ansiaba utilizar su adiestramiento
militar para convertirse en mecánico de motores diesel.
Sin embargo, su unidad, adscrita
a la Primera Fuerza Expedicionaria de la Infantería
de Marina, en Twentynine Palms, California, fue enviada
a Irak y la vida de Mateo tomó un fatal giro.
Sus sueños se troncharon cuando
fue herido de muerte a consecuencia de un artefacto
que hizo explosión a orillas de la carretera cuando
el vehículo militar en que viajaba recorría una calle
de la provincia de Al Anbar en Irak.
Murió el 24 de septiembre de
2004, a los 20 años.
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