Por Sandra Caquías / politica@elnuevodia.com
“Nunca había votado porque no me llamaba la atención, pero este año quiero votar. Las elecciones últimamente están muy cerradas y cada voto cuenta”, aseguró ayer Celimar Rodríguez.
La ponceña fue una, de casi seis mil ciudadanos, que esperó hasta ayer para inscribirse o actualizar su status electoral en las Juntas de Inscripción Permanente (JIP) de la Comisión Estatal de Elecciones (CEE).
Todos tenían el mismo fin: asegurarse de que podrán ejercer su derecho al voto el próximo 4 de noviembre.
Las razones que los ciudadanos tuvieron para no quedarse en sus casas y poner su tarjeta electoral al día fueron diversas.
“Lo que me motivó fue mi esposo. Que me dijo ‘yo voy a votar porque esto está malo. Tiene que haber un cambio’. Vamos a ver si lo hace diferente el que se monte”, expresó Olga Vega, vecina de la comunidad Coto Laurel y quien se disponía a reactivar la tarjeta electoral que no usa desde 1992. Vega, de 60 años de edad, tuvo que esperar tres horas para ser atendida.
“Esta gente, trayendo papeles de esos para seguir colándose”, respingó una mujer en la fila, molesta porque electores que acudieron días antes, pero no tenían los documentos completos, acudían a terminar el proceso con el derecho a no tener que volver a hacer fila. El mejor amigo de los que hacían turno era el paraguas con el que se protegían del candente sol.
Otra de las que esperaba en las afuera de la JIP, en la calle Méndez Vigo, fue Irma Laboy, quien diligenciaba un cambio de dirección. Según Laboy, la JIP no se preparó para atender la avalancha de público que se anticipaba en la recta final de este proceso.
Castigados por el sol
“Estamos aquí como los cerdos”, comparó. “Es verdad. Hubiesen puesto una carpa para aliviar el proceso. Aquí ha venido gente y se ha ido porque no aguantan este sol”, expresó la residente en la urbanización Villa del Carmen.
En la zona metropolitana el panorama no era distinto. Las largas filas y el sofocante calor eran la orden del día.
“Yo vine con tiempo, estoy relax”, expresó mientras hacía una kilométrica fila en la JIP de Guaynabo Lourdes Berríos. Eran las 9:30 de la mañana y Berríos, quien tenía el turno número 98, miraba a su alrededor a los ciudadanos que lucían impacientes pues a esa hora sólo se habían atendido allí, 16 electores.
Berríos apuntó que votar es importante para ella pues quiere “estabilizar fuerzas en la política”. Indicó que es momento de que el poder ejecutivo y el legislativo sean dirigidos por el mismo partido.
‘Un sistema arcaico’
Por su parte, María Lamadrid esperó desde las 8:00 de la mañana en la JIP, ubicada en la sede de la CEE en Hato Rey. Tras la espera, se tuvo que ir “decepcionada”, pues necesitaba su certificado de nacimiento para poder inscribirse y votar por primera vez.
“No puedo faltar a clases pues como tuve un viaje podría perder los cursos”, dijo La Madrid, de 22 años. Indicó que todavía no sabe por quién votará.
Migdoel Miranda, de 61 años, acudió a la junta de Guaynabo 6, donde a las 9:20 de la mañana habían repartido 140 turnos.
“La juventud no hace fila para nada, ven el tumulto y se van para su casa. Esto no es estímulo para el voto joven. Es un sistema antiguo, se hacen las mismas filas de hace 20 años”, dijo Miranda, un agente de seguros, que acudió a la JIP para un cambio de dirección.
‘Emergencia’ electoral
La médico residente, Amary Negrón, se amaneció de guardia en Centro Médico, y en vez de irse a dormir enfiló para la JIP. Dijo que quiere votar para cumplir con su “deber ciudadano”. En las pasadas elecciones Negrón no votó.
Ayer abrieron 106 JIP en toda la Isla. En la sede de la CEE se mantuvieron 5 estaciones para atender al público.