Por Frances Rosario / frosario1@elnuevodia.com
Los programas de gobierno de los partidos políticos podrán tener hasta 500 páginas, pero apenas dos o tres están dedicadas a la tercera edad, el sector poblacional mayoritario en Puerto Rico.
Esa es la queja de Armando Álvarez, de 69 años y uno de los miembros de la AARP, como se denomina esta organización que agrupa a personas mayores de 50 años de edad.
Álvarez destacó que los políticos hacen ofrecimientos para los jóvenes, a quienes no les interesa tanto votar.
“Los que vamos a votar de seguro somos nosotros”, agregó Álvarez en alusión a la llamada edad de oro.
Para romper con lo que considera la indiferencia de los políticos hacia los viejos, la AARP estudió las necesidades de la población mayor de 50 años y presentó sus propuestas a los partidos. A los viejos tienen necesidades en las áreas de salud, seguridad económica, cuidado prolongado, fuerza laboral madura y movilidad, informó el director ejecutivo de la entidad, José Acarón.
La entidad presentó sus propuestas en junio pasado a los partidos y aún espera por una respuesta positiva, agregó.
“Al momento de las elecciones solicitan a doña Fulana. Pero cuando termina la política, ahí termina el servicio de la persona mayor”, expresó Zenen Seguinot, de 82 años.
Al final del día lo que consiguen los mayores de 50 años de los políticos y el Gobierno es marginación, falta de servicio y mayor carga económica, indicaron los entrevistados en una mesa redonda con El Nuevo Día.
Seguinot, de 82 años, comentó que, aunque tiene diabetes y un marcapaso, tuvo que cancelar su seguro médico privado porque no lo podía costear. Como recibe $710 mensuales de Seguro Social, no cualifica para la ayuda de una ama de llaves, pero tampoco puede costear todos sus gastos.
“No me da el dinero para alimentarme como debería. Vivo sola y no tengo ayuda de nadie. Tengo que aguantar de un sitio para suplir otra necesidad”, dijo Seguinot.
Por su parte, Ledia Cintrón Cordero, de 74 años, tuvo que mudarse a una égida tras ser despedida de su empleo por un presunto discrimen de edad. Indicó que en su urbanización no tenía acceso a transporte público.
“Sugiero al funcionario de cada agencia que hagan cuenta de que no tienen carro, y vayan y observen”, sostuvo Cintrón Cordero.
Mientras, Pablo Torres relató que a los 59 años fue marginado en su empleo y tuvo que convertirse en consultor.
“La población en Puerto Rico es envejeciente. El 42% de los votantes tienen 50 años o más y necesitamos que el Gobierno se prepare para enfrentar una situación que es real. Se deben establecer programas que trabajen con esa situación. No es para el futuro. Tienen que poner esos programa en práctica ya”, dijo Torres.
“Lo importante es cómo seguir exigiendo esto que nos hemos ganado y nos corresponde”, concluyó el presidente de AARP, Juan Fernández.