Por Joel Ortiz Rivera / joel.ortiz@elnuevodia.com
El estratega político contra el candidato que dice ser la promesa de cambio. El gobernador, con una maleta cargada de crisis económica y social, versus el joven político que trata de sellar las fisuras de un partido dividido por una primaria.
Tres expertos en diferentes campos analizaron para El Nuevo Día las fortalezas y desventajas de Aníbal Acevedo Vilá y el comisionado residente Luis Fortuño, de cara a los comicios de noviembre.
Cada aspirante ya ha tenido momentos de gloria. Para Fortuño lo fue su holgado triunfo en la primaria del 9 de marzo sobre el ex gobernador Pedro Rosselló, una de las figuras más dominantes de la política puertorriqueña durante las pasadas dos décadas. Además, las encuestas publicadas hasta el presente lo colocan con una amplia ventaja sobre su oponente del Partido Popular.
El de Acevedo Vilá surgió el 27 de abril, cuando, tras un mes de especulaciones sobre su candidatura a la reelección, luego de que se le radicaran 19 cargos federales, consiguió el apoyo abrumador de su partido en una histórica asamblea.
El cambio por el cambio
“Fortuño tiene la fortaleza de que no es el incumbente”, fueron las primeras palabras del profesor Ángel Rosa, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez.
“Él se va a enfrentar a un incumbente debilitado no sólo por las acusaciones que pesan en su contra, sino también por la situación económica. En ese sentido, va a tener la oportunidad de descansar en un discurso de cambio que no necesariamente tiene que tener mucho contenido, sino la idea del cambio por el cambio mismo”, agregó.
Para Rosa, además, la candidatura del comisionado fue producida mediante una elección interna de su partido, por lo que no puede cuestionarse su legitimidad.
Sin embargo, ese mismo punto a favor se convierte en su mayor debilidad, según Rosa, debido a que existe en la Palma un grupo de electores que no quedó conforme con el resultado de la primaria y no le identifican como un candidato fuerte en la lucha por la estadidad.
Rosa dijo que Fortuño tiene la debilidad de que corre junto a un grupo que en su mayoría está identificado con Rosselló y que no le es leal a su candidatura.
Y opinó que si el grupo que apoya el movimiento ‘write-in’ por Rosselló logra conseguir unos 50,000 votos, podría poner en aprietos la candidatura y las opciones del actual presidente del PNP.
De Acevedo Vilá dijo que, contrario a Fortuño, parece estar en control de las estructuras de su partido, como lo demostró en la asamblea de fines de abril.
En su contra tiene el delicado tema de la ruta autonomista en la que pretende llevar al PPD.
“Es que eso obliga a un partido de centro, cuya fortaleza ha sido esa ambigüedad -aunque parezca contradictorio-, a definirse en el asunto ideológico que más controversia ha creado en el seno de ese partido”, dijo el profesor.
Según Rosa, si no es manejado con cuidado para que satisfaga a todas las facciones que conviven dentro del partido, eso podría ser suficiente para derrotar al PPD aun si no existiese la crisis económica.
La novedad de Fortuño
Desde el punto de vista de una relacionista público, Lidda García Acosta, vicepresidenta de la firma Grandes Eventos, dijo que Fortuño tiene la ventaja de ser algo novedoso, algo que no ha sido probado.
“Uno no puede decir que algo es bueno o malo hasta que lo prueba”, dijo. “Es una imagen refrescante y eso es una ventaja para él”.
Para García Acosta, el comisionado residente mantenía una gran proyección como un candidato de estilos nuevos, distintos a los de Rosselló.
Pero eso fue hasta que apareció en una conferencia de prensa rodeado de figuras fuertes del partido, ligados mayormente al pasado presidente, para pedir la renuncia de Acevedo Vilá tras el anuncio de las acusaciones.
Según García Acosta, Fortuño debió haber seguido en la línea de proyectar la imagen del joven que trae cosas nuevas. “Cuando atacas al contrincante lo fortaleces”, afirma.
La ‘edad política’ de Fortuño, aunque cronológicamente sea mayor que el gobernador, es otro atributo para él, según García Acosta, aunque su resumé público es limitado frente al de Acevedo Vilá.
Sobre el gobernador reconoció que sus asesores han sido excelentes al capitalizar los momentos de crisis que le ha tocado vivir, y destacó las dotes de líder que mostró en la asamblea del PPD al poner su candidatura en manos de los delegados y recurrir a un emotivo discurso soberanista.
En la otra cara de la moneda, están los cuatro años de una administración llena de dificultades y los cargos criminales, un lastre que sus asesores podrían intentar borrar, pero que podría ser el principal arma de su contrincante.
Para el analista, abogado y profesor, Carlos Díaz Olivo, el gobernador Acevedo Vilá es uno de los políticos más astutos que ha visto desde Carlos Romero Barceló.
El primer ejecutivo, según él, es un gran comunicador que, al contrario de otros políticos, saca lo mejor de sí cuando enfrenta momentos difíciles. “Acevedo Vilá es un gran estratega político, y lo de la asamblea general lo evidenció”, dijo Díaz Olivo.
“El problema que le veo es que fue tan bueno lo que logró que habrá que ver cómo logra mantener ese moméntum hasta noviembre, teniendo en cuenta que es un candidato con 19 cargos en contra”, agregó.
Uno de sus principales puntos fuertes es su capacidad para debatir, lo que podría explicar su insistencia en invitar repetidas veces a Fortuño a celebrar debates públicos.
La mayor debilidad del Gobernador son las acusaciones federales, lo cual reducirá su capacidad de recaudar fondos, parte de los cuales se deberán destinar a su defensa legal.
Sobre Fortuño apuntó que tiene una imagen relativamente limpia, apartándose incluso del hecho de que fue parte de la administración de Rosselló.
Resaltó su estilo político suave, no abrasivo ni ofensivo, y que es un candidato con acceso a los contribuyentes políticos de amplios recursos económicos.
Sobre sus desventajas, indicó que se le ha creado una imagen de “tipo flojo” en una cultura en que estamos acostumbrados a líderes fuertes, como Rosselló, Rafael Hernández Colón y Romero Barceló.