“Tengo que salir con lipstick”

Por Limarys Suárez Torres / lsuarez1@elnuevodia.com

Desde 1989, Luisa Inclán Bird no había pisado el Tribunal Federal, donde falleció su padre Roberto Inclán, a los 56 años, justo en el día de su aniversario de bodas número 30.

Inclán testificaba en un caso de empleados inamovibles, como director de Gerencia y Presupuesto.

“Le dio un ataque al corazón allí mismo en la silla y se murió”, relata Inclán Bird.

“La próxima vez que volví a entrar a la Corte Federal fue esposada”, relata la abogada en esta entrevista con El Nuevo Día, siete días después de ser absuelta de todos los cargos que pesaban en su contra en el caso de Aníbal Acevedo Vilá.

¿Cuáles fueron los momentos más duros de tu vida?

Hay dos o tres que recuerdo con más claridad. El primero fue meses antes de los arrestos, cuando la fiscal María Domínguez y un grupo extenso de agentes del FBI y del IRS me citaron a sus oficinas a informarme que definitivamente yo iba a ser acusada, que yo era lo que ellos llaman un "target" de la investigación. Ese momento para mí fue devastador... fueron momentos largos, fue por la noche y fue un día horrible para mí.

El segundo momento que recuerdo horrible fue el día de los arrestos, no creo que haya mucho que añadir ahí. Hay personas que me quieren mucho que habían intentado a acercarse a alguien en el equipo de la fiscalía para decirles que estaba dispuesta a entregarme, a llegar a la hora que fuera al Tribunal, pero fue rechazada rotundamente la idea de que yo pudiera llegar a la hora que ellos dijeran y quisieran al tribunal. Me sospechaba que el momento estaba cerca y mis hijos estaban con sus tías, pero tenía a mi hijo mayor en casa y a mi esposo y fue difícil, nunca se me va a olvidar, nunca se me va a olvidar. Yo creo que a nadie se le puede olvidar salir esposado de su casa, no creo que a nadie se le olvide eso.

¿A qué hora fue?

Antes de las 6:00 a.m.

¿Y cómo fue?

Como te dije, tenía mis sospechas grandes. No sé, quizás por ser abogada me daba un sentido más de olfato para las cosas, cuando algunas personas decían que no iba a pasar. Desgraciadamente mi olfato de abogada me decía más de lo que quería saber, y eso que nunca en mi vida he visto un caso criminal, a mí lo que me gusta es derecho de familia, maltrato de menores, de batallas de custodia. Así que para mí el derecho criminal es cómo preguntarle a un podiatra de cómo se arregla el corazón, no sé nada.

Me levanté tempranito y me vestí y me fui a mi computadora como a las 5:30 a.m. y todo el mundo estaba durmiendo en casa, pero llevaba como dos días así y al tercer día, según Las Escrituras (se ríe) sentí un montón de carros llegando frente a mi casa y era obvio, tú sabes que a esa hora todo se oye, todo está en paz y sentí todos los carros llegando y fui corriendo a la puerta porque mi "goal", mi fin era yo misma abrir la puerta. Que no tocaran la puerta era como una obsesión (se vuelve a reír) que yo tenía. Y entonces abrí la puerta, entraron a mi casa varios, varios agentes armados todos. Fueron a la habitación de mi esposo, despertaron a mi esposo, lo sacaron al "family", les supliqué, casi llorando, que no despertaran a mi hijo. Pero me dijeron que tenían que entrar al cuarto y que si él no se despertaba, pues estaba bien. Ellos tenían que registrar la casa, que era segura, me imagino -estoy ahora siendo cínica-, pero que no hubiese nada que representara un peligro, en términos de seguridad.

Entraron, pero no se despertó.

Pues cuando mi esposo estaba en el “family” me iban a poner las esposas atrás. Pero tengo una condición en los hombros y les dije que si por favor me podían poner las esposas al frente porque me dolían los hombros y me dijeron que sí, que podían, pero que entonces tenían que traer el "big belt", que es una correa bien grandota y me la pusieron y me la pasaron al frente, me esposaron a la argolla y esposaron a otro agente en la argolla de atrás y nos fuimos.

Tiene que haber sido cerca de las 6:15 a.m. o 6:20 a.m. porque me acuerdo que el carro estaba pasando por el Banco Popular que tiene el reloj arriba y me acuerdo que decía las 6:13 a.m., o sea que fue más o menos a esa hora.

Estaba en blanco, tranquila, bien tranquila. Te tengo que decir que había dos agentes mujeres que fueron muy amables, dentro de lo que podían ser, hasta que llegamos al tribunal. Llegamos al cuarto de los detenidos donde había un tubo de metal en el cuartito y nos esposaron a la pared al tubo de metal ocho horas. Desde las 6:30 a.m. hasta que se dio la vista a las 2:30 p.m.

El tercer momento. Este es muy privado, días antes que comenzara el juicio… presiones. Prefiero dejarlo ahí, muchas presiones y grandes presiones para no tener que enfrentar el juicio el lunes.

¿Esas fueron las presiones de las que habló el día del veredicto?

Esas fueron durante todo el proceso, pero los días antes de que empezara el juicio fueron más intensos y quiero aclarar que hay veces que las presiones que más duelen no necesariamente son la de los enemigos o las del que procesa. Hay veces que el mero hecho de tener personas que tú amas y que te aman profundamente suplicándote que te des por vencida es bien fuerte y durante el juicio estuve bien tranquila menos el día que me eché a llorar.

¿Por qué?

Porque me puse nerviosa cuando el juez (Paul J.) Barbadoro y Michael Pasano tuvieron su fogueo. Yo sabía como abogada que era un intercambio totalmente natural en estos procesos, pero creo que no sé, a lo mejor fue una buena oportunidad para simplemente vaciarme en llanto. Había estado tan tensa los días antes que... me dio vergüenza ese día, creo que esos fueron los peores momentos

¿Qué sintió cuando se fueron declarando poco a poco culpables los otros coacusados?

Sufría mucho, sufría mucho, me afectaba, no puedo decir que no. Cada vez que salía la noticia de que un coacusado, no los de Filadelfia porque a esos señores yo no los conozco, nunca los he visto, pero los de aquí, las personas de aquí, cada vez que alguien se declaraba culpable yo sufría intensamente y me sentía confundida.No tenía suficiente información para juzgar sus decisiones. No los iba a llamar a preguntarle por qué estaban haciendo lo que estaban haciendo y mi abogado me protegía bastante de obtener información no corroborada tampoco. Así que sin mucha información lo que hacía era sufrir.

¿Sintió miedo?

Sí, claro que sí, oh sí, mucho miedo. ¿Verdad Jaquie? (le pregunta a su hija menor) Mucho miedo... muchas veces terror... Miedo no, terror.

¿Cómo trabajó con ese terror?

Hablando con mi familia, no escondiéndoles nada. Desde el principio diciéndole todo lo que estaba pasando, que no es fácil porque eso uno lo dice con la boca, pero desde a mis hijos a mi mamá, a mi familia, (explicándoles) éste es el pliego acusatorio, esto es de lo que se me acusa. Explicándole a mi hijita de 11 años, a esa no le enseñé el pliego, pero hablarle las palabras correctas: arresto, tribunal, que el Gobierno de los Estados Unidos pensaba que mamita había cometido muchos, muchos errores cuando trabajaba con Aníbal. Hablarles con la verdad en la mano para poder seguir adelante una vez que yo podía sentirme que no había nada que esconder. Ellos me daban apoyo, el que yo necesitaba.

Y otra cosa que hacía para sobrevivir cada día es aferrarme a Dios, arreguindarme a Dios pero de una manera increíble, rezar, rezar, rezar, rezar... Nunca en mi vida he rezado tanto como recé durante estos dos años. De hecho, ha sido una de las cosas buenas, he aprendido a rezar que no sabía y ahora después de que se acabó el proceso dudo mucho que pueda vivir sin continuar rezando todos los días.

Y tercero, yo hice una cosa: leí, leí y leí y me convencí y convencí a mis hijos de el hecho cierto de que el sufrimiento y el sacrificio del que poco se habla en esta sociedad son parte de la vida humana y sirven para muchas cosas y no son un castigo de Dios a las personas. Explicarle y convencerme a mí misma de que cosas malas le pasan a gente buena todos los días.

¿Qué pensó de los amigos y familiares que le dijeron que mintiera y se declarara culpable?

Lo hacían por amor, por miedo, por terror a lo que me pudiera pasar. No podían soportar la idea de que pudiera pasar lo peor. Estoy convencida de que lo hacían por amor profundo, pero me trastocaba mis planes, me trastocaba mis planes y había terremotos en mi corazón cada vez que me hacían eso. No sé qué otra frase usar... había terremotos en el corazón, como si el corazón te lo cogieran y (hace un gesto con sus manos de quien sacude algo) te temblara de repente. Y entonces de más está decirte que cada vez que una cosa así pasaba no a los tres minutos volvía a estar fuerte... ¿Tú sabes todas las cosas que le quedan en la mente, tú sabes todas las cosas que entonces uno empieza a reconsiderar, ah? Y hay veces que eran muy detallados los mensajes, muy detallados y no voy a decir más nada, muy detallados y uno decía "Ay Dios hay que ser fuerte".

¿Llegó a dudar?

Yo siempre estaba segura de lo que tenía que hacer. Dudar no es la palabra, creo que tenía miedo muchas veces, pero mi abogado Michael y mi mamá y mi hermana me decían todo el tiempo: “Pues claro, ¿cómo no vas a tener miedo?” Y eso me daba ánimos.

Los amigos... la familia, siempre está ahí, olvídate.

¿Ganó o perdió amigos en este proceso?

No perdí ningún amigo, gané... bueno primero la dicha de saber quiénes son tus verdaderos amigos y creo que no todo el mundo pasa por la vida teniendo la oportunidad de averiguar eso. Así es que tengo la dicha de saber quiénes son mis amigos. Y ¿sabes qué?, no hubo muchas sorpresas en mi vida. Las amistades de toda una vida, esas amistades que no ves todo los años ni hablas con ellos todos los días, pero que te conocen desde hace mucho tiempo, esas amistades son bien fuertes, sobre todo en momentos como éste que me tocó vivir. Te conocen desde que tú eras chiquita, cómo te criaste, cuál es tú manera de pensar.

¿Quién es Luisa Inclán?

Mmm, Luisa Inclán. Luisa Inclán es una mamá que adora a sus hijos, que adora a su mamá, a su esposo, a su familia y a Puerto Rico. Es una persona sencilla, sincera, amante de la gente humilde de pueblo y que desde el viernes 20 de marzo de 2009 es muy fuerte, muy fuerte y muy feliz.

Hábleme de las ofertas que le hizo la Fiscalía.

No sé si quiero hablar de eso.

Pero, ¿llegó a evaluarlas?

Mi abogado las escuchaba todas como deber ser, claro que sí. Como ya nosotros habíamos hablado sobre lo que yo quería hacer en este caso, él me las comunicaba, pero muchas veces las discusiones duraban segundos.

¿Cómo logró mantener alejada a Jaquie, su hija más pequeña, del proceso que enfrentaba?

El proceso la tocó porque es inevitable. Estas cosas no se dan así cada dos o tres años en un país y tú tener una hija de 11 años... es demasiado inteligente también. No hubiera sido fácil optar por tratar de optar por decirle cosas que no eran. Así es que básicamente mucha conversación.

Todas las noches yo acostaba a Jaquie, le daba un beso, rezábamos y si ella tenía alguna pregunta, se le contestaba para que ella pudiera tener paz, y en su escuela fueron maravillosos con ella.

¿Cómo era su vida cuando salía del tribunal, su rutina, que hacía los fines de semana?

Directo a mi casa todos los días a menos que Pasano me dijera que había algo que discutir, en cuyo caso lo hacíamos tan pronto se acababa el caso en el tribunal, pero le suplicaba llegar a mi casa temprano, estar con mi mamá, mis hijos. Mi esposo tenía que continuar trabajando, obviamente.

¿En qué trabaja su esposo?

Mi esposo es profesional de tenis. Es profesor de tenis, tiene una academia de tenis. Somos dos personas totalmente distintas en lo que hacemos en la vida y él adora su trabajo.

¿Cuánto tiempo lleva casada con Antonio Bonnet?

12 años.

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