Delirante gozo popular

Por Javier Colón Dávila / jcolon@elnuevodia.com

Bastó con que la representante Carmen Yulín Cruz levantara las manos mientras salía corriendo del Tribunal Federal para que cientos de ciudadanos estallaran en un frenesí. No había que decir más: Aníbal Acevedo Vilá había sido absuelto.

Con el paso de los minutos, en medio de abrazos, llantos y oraciones, se supieron otros detalles, como que la absolución había sido de todos los cargos, al igual que la de su ex ayudante Luisa Inclán.

“Esto es fantástico, era lo que esperaba el pueblo de Puerto Rico. La justicia tenía que venir ya en este juicio tan atropellante. Vengo de Aguadilla con orgullo”, dijo Zoraida Polanco, parte de la muchedumbre que comenzó una vigilia frente al Tribunal Federal desde la noche anterior.

“¡Se acabó el abuso!”, era uno de los múltiples estribillos que se escuchaban entre la muchedumbre. Un puñado intentó derribar una valla cerca de la acera frente al Tribunal. El impulso fue controlado y se colocó nuevamente la valla.

Varias envejecientes, que minutos antes oraban nerviosamente en espera del veredicto, insistieron en quedarse para la celebración y pagaron el precio por no hacer caso a las advertencias de que se alejaran.

Se supo de por lo menos una mujer que se desmayó en medio del forcejeo. Así que probablemente no vio cuando Acevedo Vilá, luego de sobrevivir la marea de personas que intentaron saludarlo al salir del Tribunal, se trepó en la capota de su guagua para ondear una monoestrellada, mientras el público tomaba fotos con sus cámaras y celulares.

Uno que sí se salvó fue el activista de los pacientes de sida, José Fernando Colón, quien -en silla de ruedas- insistió en permanecer entre la multitud casi hasta el momento de la salida de Acevedo Vilá. Finalmente fue sacado a un lado.

“Esto era lo que esperaba. Que él ganara y que se acabara el abuso. Los populares llevamos un año sufriendo. Lloro de alegría y de justicia”, dijo Sonia Pacheco, de San Juan.

“Lo esperaba desde un principio. Él era inocente. Era lo que estábamos esperando. Todos los analistas lo sabían. Los periodistas serios decían que era inocente y gracias a Dios fue así, dijo por su parte Rafael Berríos, de Carolina.

“¿Y dónde está Rosa Emilia?”, gritaba una mujer, en referencia a la jefa de la Fiscalía, mientras la carolinense Isaura Colón revelaba cómo iba a celebrar: “me voy a ir celebrar a la cuneta. La botella de vino me la voy a beber, glu, glu, glu, glu”.

“El veredicto me parece justo”, indicó por su parte, José Antonio Burgos, de Río Piedras. “Todo lo que desfiló a través de casi un mes fue prácticamente una exoneración.... de casi todos los testigos cuando ofrecían sus testimonios”.

 

[ volver a menú ]