Gran vida a la francesa

Por Daniel Rivera Vargas / drivera2@elnuevodia.com

El exquisito Citronelle es el restaurante washingtoniano donde Aníbal Acevedo Vilá y otros comensales disfrutaron manjares por los que el dentista de Filadelfia, Cándido Negrón, pagó un total de $10,166.30.

La información surgió del testimonio de ayer del mozo puertorriqueño Pablo Ortiz, y de facturas de siete cenas lujosas y una octava de la barra que Negrón pagó. El Citronelle está ubicado en el hotel Latham.

Según el mesero, el famoso restaurante es frecuentado por artistas y celebridades que disfrutan su menú francés y americano. “Está entre el número uno y el número dos de los restaurantes de Estados Unidos y entre los primeros 10 del mundo. Tenemos una espectacular carta de vinos”, apuntó Ortiz.

A preguntas del fiscal federal Timothy Heinwood, el mesero relató que sabía quién era Acevedo Vilá porque el restaurante identifica a sus clientes. A Ortiz, por ser boricua, le mostraron al entonces Comisionado Residente. “Al principio iba con mucha frecuencia, pero luego menos”, dijo.

La carta de vinos es “espectacular” porque incluye botellas de $6,000. Ortiz aseguró que en las cenas de Acevedo Vilá hubo facturas de vinos por $500 para cuatro personas.

El ex Gobernador nunca pidió pagar la cuenta: Negrón pagaba con tarjeta de crédito, según Ortiz. Por lo general iban ellos dos, pero los acompañaba una mujer alta y tez oscura que siempre llevaba un libro grande. En una ocasión hubo cinco personas.

En su contrainterrogatorio, el defensor Thomas Green usó la factura de la cena que costó $2,029.20, el 23 de julio de 2002.

“¿Usted puede testificar de su propio conocimiento si él (Acevedo Vilá) estaba?”.

“Sí, él estaba allí”, respondió Ortiz.

Hubo momentos jocosos. La única pregunta del abogado Michael Pasano fue: “Usted dijo que a Acevedo Vilá lo acompañaba una mujer alta y de tez oscura. ¿es esta mujer?”, dijo señalando a su defendida Luisa Inclán Bird. Ella es bajita y rubia.

Y Green preguntó: “¿Es difícil obtener reservaciones en ese restaurante?”. “Muy difícil”, dijo.

“¿Tiene botellas de vino por menos de $100?”, siguió cuestionado Green. “Sí”, respondió Ortiz.

“Ahora quiero que mire fijamente mi rostro y recuerde mi nombre, Tom Green, porque quiero obtener una reservación la próxima vez que viaje a Washington”, le dijo Green.

 

[ volver a menú ]